domingo, 22 de marzo de 2009

el terror de la frulándula

asistimos a la decadencia de una generación de artistas y conductores televisivos que, con la privatización de los medios en los 90, hizo de la transgresión, rating.
invitar dealers a las fiestas, contratarlos para peinar o que arreglen las flores era fantástico en tiempos de la maldita policía, solo aparecía un jarrón cuando el capo máximo se pasaba de la raya.

ahora que están viejitos y la transa anda fragmentada, conseguir unos pocos gramos de transgresión implica un obsceno, tenebroso y atemorizador contacto con marginales sin código, que pueden delatar casas y quintas, donde realizan delivery, a sus jefes y proveedores que a la vez pasan los datos a las bandas. 
querrían volver a los buenos viejos tiempos, cuando los delincuentes solo robaban a los pobres. ¿o antes no había ladrones?

lo que viene aumentando violentamente es el abuso de armas de fuego, reflejo de la carrera armamentista desatada a partir de la indiscriminada venta de fierros a civiles, que paradógicamente, masivamente robadas, terminan en manos de delincuentes, los cuales, temerosos de lo que eventualmente puedan enfrentar, disparan como en el cine.

charly gordito y con palito, diego de traje, chabán en cana, los redondos paralelos. no hay antídoto. el arzobispo baja una linea y se pueden revelar y vomitar ideas abominables con poco riesgo de escrache.
la hipocresía de los gerontes del espectáculo es patética, en lugar de reclamar por la legalización de sus consumos, exigen la muerte para esos negros cabeza que, en lugar de dilear como dios manda.... chorean.

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